Entrevista a Pablo Reyero: "Migrar es una alternativa más en los planes vitales de las personas"

 

 

3 de noviembre de 2017

 

Información sobre la conferencia

En los últimos años el término de ‘movilidad humana’ se ha popularizado a causa de las injustas situaciones que miles de personas están viviendo. Situaciones que, si miramos a nuestro alrededor, siempre han estado presentes en nuestra historia. Cáritas Internationalis centra su campaña en este fenómeno, que refleja con el lema “Compartiendo el viaje”.

Durante la Semana de la Pobreza, que se celebró del 16 al 20 de octubre, Cáritas Diocesana de Huesca quiso reflexionar también sobre las razones que llevan a las personas a tomar estas decisiones. Pablo Reyero, responsable del Sahel del área de Cooperación Internacional de Cáritas Española y uno de los interlocutores de esa jornada reflexiva, nos acerca a esta realidad.


¿Qué es la movilidad humana y por qué Cáritas Internationalis centra su campaña en ella?

En la confederación Cáritas hablamos de movilidad humana para referirnos a la realidad histórica de “que la gente se mueve. Más allá de los conflictos que expulsan a las personas como refugiadas o los contextos de pobreza y falta de oportunidades que también fuerzan a la migración, lo cierto es que siempre nos hemos movido. Debemos tratar esta realidad desde la naturalidad y nunca desde la visión de solucionar un problema.

La campaña de Caritas Internationalis “Compartiendo el viaje” busca que escuchemos y acojamos a las personas en movilidad, sea en sus países de origen, tránsito o destino. El papa Francisco, que ha presentado la campaña y la está impulsando con sus gestos y sus mensajes, nos invita a ir al encuentro de las personas. No solo se trata de actuar contra la vulneración de los derechos; nos anima a compartir con las personas que vienen a nuestras comunidades y a entenderlas, para que todos nos encontremos como una sola familia humana.

 

En la conferencia del pasado 17 de octubre en Huesca, se invitaba a la reflexión sobre la movilidad humana como un derecho o una obligación, ¿Cuál es la realidad?

La idea de plantear la movilidad humana con esa doble pregunta de si se fundamenta en un “derecho” o bien en una “obligación” buscaba alejar a los oyentes de la idea de que la migración se trata de una opción “tomada a la ligera” como en ocasiones se nos muestra. La opción de migrar es una alternativa más en los planes vitales de las personas, igual que lo es no hacerlo, y está estrechamente relacionada con las graves crisis en sus regiones o países de origen. Digo crisis porque tampoco es una única. Hay zonas del mundo en el que la opción migratoria es debida a conflictos bélicos; las hay en las que las razones se fundamentan en crisis medioambientales; y también las hay donde las crisis sociales o políticas derivan en la falta de opciones para la población. Todas ellas afectan a la estabilidad de los países y fomentan la expulsión de las personas.

Por el otro lado, la opción de migrar es tan antigua y natural como nuestra existencia en la tierra y ante eso lo importante es no olvidar que toda persona debe seguir siendo sujeto de derechos, esté donde esté.   


Entonces, ¿Es un derecho o una obligación?

En definitiva, ¿la movilidad humana es un derecho? Sí, lo es. Y es un derecho tanto el decidir migrar como el llevarlo a cabo. ¿Es una obligación? En muchos casos lo es también por la falta de oportunidades que se les ofrece en sus lugares de origen. Nuestros esfuerzos deben conducirse a que las personas en movilidad gocen de todos sus derechos como personas y a que las condiciones en sus países de origen les permitan valorar la migración como una de tantas alternativas de vida, pero no como la única.

En este sentido, la acción de la red Cáritas y de Cáritas Española para defender los derechos y la dignidad de los migrantes tiene una dimensión global, que incluye el acompañamiento en el trayecto que realizan desde país de origen hasta el de destino; la atención en los países de acogida; la ayuda a las personas que retornan a sus casas; la sensibilización social a nivel mundial y la incidencia política a los Gobiernos nacionales y organismos internacionales.


En la zona en la que se colabora desde Cáritas Huesca, el Sahel, ¿Cuáles son las causas que están llevando a las personas a emigrar? Y ¿Cuáles son los destinos más frecuentes?

Es importante recordar que la zona del Sahel es una zona que toma su nombre y su forma de unos límites geográficos y climáticos. El Sahel no es una delimitación política. El Sahel cruza el continente africano de este a oeste, siempre al sur del desierto del Sahara y al norte de las sabanas y selvas más ecuatoriales. En ese eje horizontal, de similares condiciones para los medios de vida y de fácil tránsito, siempre ha habido movilidad humana. Se trata de una zona de trashumancia, de población nómada, de líneas comerciales muy antiguas, en la que nunca hubo una verdadera frontera.

Con esta primera reflexión quiero dejar claro que la migración no ha sido nunca una excepcionalidad. Las causas que nos preocupan y que dejan la migración como única opción son las de la inestabilidad y la inseguridad, las crisis alimentarias, el impacto del cambio climático en los medios de vida y la falta de opciones para los jóvenes. Nunca hay una sola causa y todas están de alguna manera relacionadas.

La inseguridad que se vive en países clave como Mali, Nigeria y Libia está siendo por el momento imposible de controlar y las poblaciones se desplazan en consecuencia. Las crisis alimentarias cíclicas obligan a las familias rurales, campesinas o pastoras, a tomar decisiones irreversibles que las despojan de sus medios de vida. Por ejemplo, decidir comerse la semilla reservada para plantar la temporada siguiente es ganar un poco tiempo, pero el problema sigue ahí. Y el cambio climático no hace sino agravarlo con temporadas de lluvias más cortas pero más intensas, causando inundaciones e impidiendo completar los ciclos agropecuarios.

La falta de oportunidades para los jóvenes es insufrible para muchos. No existen opciones que les permitan los sueños más básicos como tener una familia y un hogar. Y las estadísticas lo confirman: los y las jóvenes son los que más migran.

 

¿Qué podemos hacer para convertir esa obligación en un derecho?

Seguir manteniendo nuestra cultura de acogida. El presidente de Caritas Internationalis y arzobispo de Manila, monseñor Tagle, nos propone conocer a un migrante o refugiado, escuchar y compartir con ellos sus historias y experiencias de vida. “El Santo Padre –nos dice monseñor Tagle– nos ha enseñado el poder de la acción en las palabras y nos ha invitado a difundir, defender y vivir la cultura del encuentro, de una manera sencilla, tal y como lo hizo Jesús, no sólo ver sino mirar, no sólo oír sino escuchar, no sólo pasar al lado de las personas, sino detenerse ante ellas”.

 

 

 

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