El Corpus Día de la Caridad y de Cáritas

 

 

15 de junio de 2017

 

Las grandes fiestas de la liturgia cristiana, como la Pascua, la Ascensión de Jesucristo o Pentecostés, culminan con la celebración del Corpus Christi. No es coincidencia que el día del Corpus sea también el Día de la Caridad, porque en el día del Corpus la Iglesia quiere que los cristianos nos fijemos en uno de los gestos de amor de Cristo, que le llevó a convertirse en PAN para vivificar a los hombres e intentar que aquéllos que coman en la misma mesa y el mismo alimento se sientan en la necesidad de repartir la vida que reciben sin guardarla para sí.

San Juan Pablo II en su Carta Apostólica Mane nobiscum Domine explica que “la Eucaristía es centro y fuente de toda la vida de la Iglesia, es el gran sacramento de la compasión de Dios”. La Eucaristía es el milagro de Jesucristo por excelencia, porque es Él mismo quien se entrega como alimento, bajo la forma del pan y el vino.

Este hecho, la Eucaristía, define lo que es la Iglesia como comunidad, ‘Caridad en acción’. El Papa Francisco dice que “una Iglesia sin caridad no existe”. Cáritas comparte la misión de la Iglesia: es un servicio a la comunidad y desde la comunidad, inspirada por los valores del Evangelio y la Doctrina Social de la Iglesia. Cáritas responde a las necesidades de las personas tanto a nivel local como de cualquier parte del mundo, a través de la activación campañas de emergencia para ayudar en situación de catástrofes, promoviendo el desarrollo humano integral e impulsando acciones de incidencia sobre las causas de la pobreza y el conflicto.

“Cáritas es una gran Confederación, reconocida ampliamente en el mundo por el trabajo que realiza. Cáritas es una realidad de la Iglesia presente en muchas partes del mundo, y todavía debe lograr mayor difusión incluso en las diferentes parroquias y comunidades, para renovar lo que sucedió en los primeros años de la Iglesia. De hecho, la raíz de todo su servicio está presente en la acogida, sencilla y obediente, de Dios y del prójimo”, comentó el Papa Francisco en la misa de la inauguración de la XX Asamblea general de la Confederación de Caritas Internationalis en la Basílica de San Pedro.

Esta acogida se cumple en vosotros personalmente, para que después vayáis al mundo, y allí sirváis en el nombre de Cristo, a quien habéis encontrado y encontráis en cada hermano y hermana a los que os acercáis; y precisamente así se evita el hecho de limitarse a ser una simple organización humanitaria. “Caritas es la caricia de la Iglesia a su pueblo, la caricia de la Madre Iglesia a sus hijos, es ternura y  cercanía”, según expresó el santo padre al Comité Ejecutivo de Cáritas Internationalis.

“Cáritas trabaja con los pobres, los vulnerables y los excluidos, sin tener en cuenta su raza, ni sus creencias. Su trabajo exige competencia profesional, así como ‘formación del corazón’, que es ser testimonio de la fe, que se expresa en la caridad”, según afirmó Benedicto XVI en su Encíclica Deus caritas est.

Junto a muchos otros organismos de caridad de la Iglesia, Cáritas revela por tanto, la fuerza del amor cristiano y el deseo de la Iglesia de salir al encuentro de Jesús en cada persona, especialmente si es pobre y sufre. Este es el camino que tenemos delante y con este horizonte deseo que podamos  llevarlo a cabo desde nuestra Cáritas.

 

 

 

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