¿Es necesaria la presencia sacerdotal en Cáritas?

 

 

10 de marzo de 2017

 

Voluntarios, socios, trabajadores, colaboradores, comunidades parroquiales, sacerdotes. Todos ellos son pilares necesarios para construir la casa de Cáritas, que sirve de “refugio” a todas aquellas personas que tienen algún tipo de necesidad. La función de los trabajadores es obvia, aunque siempre apoyados por las manos de los cientos de voluntarios que dedican parte de su tiempo a los demás. Quizás resulte más complicado entender la relación de la comunidad parroquial y de los sacerdotes, sin embargo, no debemos olvidar que Cáritas es el brazo caritativo de la Iglesia y que todos los cristianos tenemos la responsabilidad de acoger, ayudar y compartir con las demás personas.

En varias ocasiones se ha apelado a la encomiable labor de los voluntarios y a la entrega de sus trabajadores, pero no es tan habitual hablar de la labor de la comunidad parroquial y el sacerdote en Cáritas. Ante esto cabe preguntarse: ¿Cuál es o debería ser la labor de un presbítero en el quehacer de Cáritas? ¿Es necesaria su presencia? El delegado episcopal de la Cáritas Diocesana de Huesca, Rafael Nieto, que es el representante del obispo en esta institución, nos acerca a la respuesta. 

Sin dudarlo, responde en primer lugar que “la labor del sacerdote debe ser ante todo velar por la identidad y la misión eclesial de Cáritas, porque de lo contrario se puede confundir con una ONG, que no lo es”. En este sentido, el delegado episcopal, secundado por los sacerdotes, debe impulsar la integración de la acción caritativa y social de la institución en la pastoral de toda la Diócesis. “Ya existen acciones consolidadas, como la colecta de cada primer domingo de mes, que se destina a Cáritas, o la celebración del Corpus, Día de la Caridad, pero siempre se pueden promover otras que hagan presente la labor de Cáritas en la comunidad parroquial y diocesana”, apunta Nieto.

“Algunas asignaturas pendientes de los sacerdotes y mías -según indica el delegado- es ayudar a que las personas que están en las parroquias sean las que detecten realidades de pobreza, violencia o discriminación en su entorno. Los sacerdotes también deben promover el voluntariado y dentro de las comunidades eclesiales deben alentar a sus feligreses a formar equipos parroquiales”. Actualmente, solo hay catorce grupos, de las 211 parroquias que constituyen la Diócesis, tanto de la zona rural como urbana.

Para que exista una implicación real, es necesario conocer aquello con lo que uno se compromete y, por ello, es francamente relevante dar difusión a las actividades que realiza Cáritas. La formación es otro punto clave, no sólo del voluntariado, de los trabajadores o de los sacerdotes. Para consolidar los cimientos de esta casa, que es Cáritas, necesitamos sembrar a largo plazo para recoger frutos. “Los seminarios deben ser un objetivo en nuestra hoja de ruta, porque de allí es de donde saldrán los futuros sacerdotes. Recuerdo que cuando yo era seminarista recibí un taller sobre Cáritas, en el que la directora nos explicó el funcionamiento de la entidad y visitamos sus programas. Ese primer contacto, me dio a conocer grosso modo la tarea que asumí con mi actual nombramiento”, afirma el delegado convencido de que fue un acierto esa iniciativa.

 

 

 

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