Jornada Mundial de Oración por el Cuidado de la Creación

 

 

5 de septiembre de 2016

 

A partir de este año, cada 1º de septiembre se celebra en la Iglesia Católica la Jornada Mundial de Oración por el Cuidado de la Creación, instituida por el Papa Francisco en coincidencia con la Iglesia Ortodoxa, que ya la venía celebrando, y en consonancia con su encíclica “Laudato Si”, sobre el cuidado de la casa común. En una carta enviada el pasado 6 de agosto a los Presidentes del Pontificio Consejo Justicia y Paz y del Pontificio Consejo para la Promoción de la Unidad de los Cristianos, el Papa destaca que “como cristianos, queremos ofrecer nuestra contribución para superar la crisis ecológica que está viviendo la humanidad. Para ello debemos ante todo extraer de nuestro rico patrimonio espiritual las motivaciones que alimentan la pasión por el cuidado de la creación, recordando siempre que, para los creyentes en Jesucristo la espiritualidad no está desconectada del propio cuerpo, ni de la naturaleza o de las realidades de este  mundo, sino que vive con ellas y en ellas, en comunión con todo lo que nos rodea. La crisis ecológica nos llama a una profunda conversión espiritual; los cristianos están llamados a una conversión ecológica que implica dejar brotar todas las consecuencias de su encuentro con Jesucristo en las relaciones con el mundo que los rodea. De hecho vivir la vocación de ser protectores de la obra de Dios es parte esencial de una existencia virtuosa. No consiste en algo opcional ni en un aspecto secundario de la experiencia cristiana”. Afirma luego que “esta Jornada Mundial ofrece a los creyentes y a la comunidad cristiana una valiosa oportunidad de renovar la adhesión personal a la propia vocación de custodios de la creación, elevando a Dios una acción de gracias por la maravillosa obra que Él ha confiado a nuestro cuidado, invocando su ayuda para la protección de la creación y su misericordia por los pecados cometidos contra el mundo en que vivimos”.

Cáritas Diocesana de Huesca se une a esa Jornada Mundial de oración en el convencimiento de que la búsqueda de remedio a la pobreza se encuentra estrechamente relacionada con la superación de la crisis ecológica, no sólo porque tanto la pobreza como los desequilibrios ecológicos son causados por el mismo espíritu de ambición y codicia del ser humano, que explota sin control a los más débiles y a la misma naturaleza, sino porque las consecuencias del cambio climático afectan directamente a los pueblos más vulnerables incrementando su pobreza.
Es menester, por tanto, una verdadera conversión ecológica de todos en orden a conseguir una convivencia en concordia y armonía del ser humano con la naturaleza, cuyo equilibrio ha roto el hombre al aplicar, con espíritu de dominio y codicia, los poderosos medios tecnológicos modernos a la explotación sin freno de los recursos de la tierra. Pero también somos responsables todos los que consumimos de forma irresponsable y sin control alguno los frutos y productos que aquellos han conseguido con su explotación sin medida, contribuyendo así a rentabilizarla y mantenerla. Nuestra conversión ecológica nos ha de llevar, por tanto, a redescubrir el valor de la simplicidad en nuestra vida, para la que no son precisos tantos medios y recursos, muchas veces inútiles o superfluos,  que adquirimos por puro capricho egoísta; a valorar la importancia de nuestros comportamientos cotidianos; a consumir productos de comercio justo; a reducir y reciclar nuestros residuos; a apreciar la diversidad de nuestro mundo; a superar el paradigma tecnocrático; a apoyar, en fin, la causa de los pobres. A ello nos obliga una espiritualidad verdaderamente cristiana fundada en nuestra correspondencia al amor divino y a la obra creadora de su amor.

 

 

 

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